lunes, 8 de julio de 2013

¿Sombrero, o boa?

Hasta el día de ayer no había tenido el placer de leer el libro del Principito. Un poco tarde, quizás; sin ambargo, muchas veces las cosas llegan en su preciso momento.

Nunca un libro me había hecho disfrutar tanto; y eso que no  trata de misteriosas, ficticias o tronchantes aventuras, con infinidad de personajes con intrincadas relaciones entre sí. Como suele suceder en la vida, es desde lo sencillo desde donde ésta va cobrando y descubriendo su sentido. Ese que no se vé, que está oculto. Tanto a veces que "los mayores" se extrañan cuando lo dejas caer. ¡Qué precioso es tener personas a las que poder desnudar tu sencillez! Y que no te piensen loco, o infantil, después de haberte mostrado tan sincero o transparente con ellas.

Lo que más disfruto en una lectura es reconocerme en ella. Pero no desde lo externo, sino desde lo que nadie ve. Lo mismo me da que el Principio sea un tipo rubio, o tenga un planeta donde habita solo él (¿quién no?..). El sentido que le da a las puestas de sol, o a la delicadeza y paciencia necesarias para domesticar a un amigo. Como bien dice una frase tan trillada, "lo esencial es invisible a los ojos". Esa expresión de "ser listo como un zorro" podría tener que ver con esta historia... Aunque el término "listo" no lo encuentro el más idóneo... demasiado racional para mi gusto...

En definitiva, una bonita historia de encuentros sencillos. Me encantaría poder disfrutar de tantos momentos como esos: pocas palabras (bien elegidas), más silencios, muchas preguntas, y muchos sentimientos compartidos...

"Cuando encontré alguna persona que me pareció un poco lúcida, hice la experiencia de mi dibujo número 1, que siempre he conservado. Quería saber si era verdaderamente comprensiva.
Dibujo número 1
Pero siempre me respondía: <<Es un sombrero.>> Entonces no le hablaba ni de serpientes boas, ni de bosques vírgenes, ni de estrellas. Me ponía a su altura. Le hablaba de bridge, de golf, de política y de corbatas. Y la persona grande se quedaba muy satisfecha de haber conocido a un hombre tan razonable."
El Principito (p. 11)

Boa digiriendo un elefante