sábado, 14 de septiembre de 2013

"Esto es mío"

"Esto es mío". Un pensamiento muy común en nuestra sociedad, y que nos tomamos muy en serio. Cuánta satisfacción nos trae, ¡y cuánto disgusto! Si tenemos, nos alegramos. Si nos quitan, nos sentimos desdichados. Aunque sea un trozo de pan que me he cortado para mí. Oye, no te lo comas tú, ¡que es mi pan! ¿Tanto nos llegamos a identificar con los objetos? Parece que me fueran a comer a mí, al meterse el trozo de pan en la boca.

Lo que existe está, sin necesidad de pertenecer a nadie. ¿No sería mejor usar lo que nos sea necesario, sin identificarnos con ello? "Lo he pagado, puesto que es mío". O no. Puedes tomar la decisión de identificarte con ello, o simplemente darle el uso que corresponda. Pero sin ser más tuyo que de nadie. Esto rompe un poco los esquemas. Pero, ¿no sería todo mejor si consideramos que todo es de todos? Todos seríamos más cuidadosos con lo de todos. Y no haría falta que todos tuviéramos de todo.

Pero nuestra actitud ante lo que "es mío" muchas veces es de actuar a la defensiva. Dejar un poco más para mí que para el resto; por eso, porque "es mío". Quería compartir una historia, hecha vídeo, que nos habla de esto.




¿Y cuando hablamos de mis partes del cuerpo? Mis ojos, mis oidos, mis piernas, mis manos... mi corazón. Realmente son sólo míos. ¿O no..? Bueno... Cada uno podrá decidir qué hace con cada una de ellas. Quedárselas para sí y su propia supervivencia, u ofrecerlas para los otros. Sin referirme a la donación física post-mortum (la cual no se descarta).

 "Esto es mío" puede relajar y aportar seguridad. "Esto y aquello es de todos" aporta, creo, algo más.

Que tengáis un bonito día. Eso sí que es de todos.