martes, 30 de diciembre de 2014

¿Quién Soy? ¿Quién Eres?

Quién Soy. Una cuestión que parece sencilla. Igual que cuando nos preguntan que nos definamos. ¿Sabríamos responder? Muchas veces decimos... "no sé, que lo digan mejor mis amigos/familia, que me conocen bien". Pero... si no nos conocemos ni a nosotros mismos, ¿quién nos va a conocer de verdad?

Quién Soy. Pueden ser tantas las respuestas... Buscar respuesta ayuda a ahondar en el sentido de la existencia, y a descubrir la única verdad que, podría decirse, podemos estar seguros: Somos. Pero... ¿qué Somos? ¿Tú quién eres?

Y es que soy Ana Luz, pero no Soy Ana Luz; soy morena, soy tranquila, soy ingeniera, soy... Pero no Soy morena, ni tranquila, ni ingeniera... No Soy ningún adjetivo que pueda ir detrás. Nada puede definir ni encerrar lo que Somos. Somos mucho más. 

La segunda pregunta es: ¿Quién eres? Quién es el otro. O debería decir, el Otro. Quizás después de descubrir quién Soy, pueda descubrir quién es el Otro. Y entonces, maravillarnos.










domingo, 13 de julio de 2014

No dejes de ser niño

Gracias, pequeños, por enseñarnos a los mayores a disfrutar del encanto de lo cotidiano, como un simple charco, o la simple lluvia, aunque manche, aunque moje.

Gracias por mostrarnos esa inocencia, tan transparente y llena de emociones plenas. Ojalá aunque un día se marche, ésta se acuerde de regresar. Y nosotros no nos olvidemos de llamarla. Para que sepamos disfrutar de cada momento, y encontrar en él a...




... nosotros mismos...

jueves, 1 de mayo de 2014

¿Por qué existe "oscuridad" en el mundo?

Muchas veces nos preguntamos... ¿Por qué pasan tantas cosas malas en el mundo? 

Os dejo con la parábola de la pequeña alma y el Sol:

<<Había una vez un alma que sabía que ella era la luz. Era un alma nueva, y, por lo tanto, ansiosa por experimentar. "Soy la luz -decía-. Soy la luz." Pero todo lo que supiera al respecto y todo lo que dijera al respecto no podían sustituir a la experiencia. Y en la esfera de la que surgió esta alma no había sino luz. Todas las almas eran grandiosas, todas las almas eran magníficas, y todas las almas brillaban con el brillo imponente de Mi propia luz. Así, la pequeña alma en cuestión era como una vela en el Sol. En medio de la más grandiosa luz -de la que formaba parte-, no podía verse a sí misma, ni experimentarse a así misma como Quien y Lo Que Realmente Era. 




Sucedía que esta alma anhelaba una y otra vez conocerse a sí misma. Y tan grande era su anhelo, que un día le dije:
- ¿Sabes, pequeña, qué deberías hacer para satisfacer este anhelo tuyo?
-¿Qué, Dios Mío? ¡Quiero hacer algo!- me dijo la pequeña alma.
- Debes separarte del resto de nosotros -respondí-, y luego debes surgir por ti misma en la oscuridad.
- ¿Qué es la oscuridad? -preguntó la pequeña alma.
- Lo que tú no eres -le respondí, y el alma lo entendió.

Y eso hizo el alma, apartándose del Todo, e incluso yendo hacia otra esfera. En esta esfera el alma tenía la facultad de incorporar a su experiencia todo género de oscuridad. Y así lo hizo.

Pero en medio de toda aquella oscuridad, gritó:
- ¡Padre, Padre! ¿Por qué me has abandonado?
Igual que vosotros en vuestros momentos más negros. Pero Yo nunca os he abandonado, sino que estoy siempre a vuestra disposición, dispuesto a recordaros Quiénes Sois Realmente; dispuesto, siempre dispuesto, a recibiros en casa.



Así pues, sé la luz en la oscuridad, y no la maldigas.
Y no olvides Quién Eres mientras dura tu rodeo por el camino de lo que no eres. Pero alaba la creación aunque trates de cambiarla.>>



Conversaciones con Dios (I)
Neale Donald Walsch
P. 43-44

lunes, 31 de marzo de 2014

Manual de contraataque

Vi este vídeo hace unos días y no quería pasarlo por alto. Me hace pensar sobre la manera en que trato a las personas de mi alrededor, la manera en que las miro, las palabras que las digo y cómo se las digo. Las veces que me "ofenden", sin pensar que la otra persona se siente ofendida. Las palabras de odio que me duelen, sin darme cuenta de que el otro no se siente amado lo suficiente. Comportamientos que me producen enorme rechazo, cuya explicación lógica proviene de una historia que solo uno mismo, o una misma, puede llegar a conocer. ¿Quién soy yo para juzgarlo?

Ante todos estos pensamientos, la única respuesta válida que encuentro es... Amar. Porque muchas veces aquel que daña, es el que más amor necesita. ¿Te ofenden? ¿Te contestan mal? ¿Te...? 
Miedo. Todo surge del miedo. Y solo puede curarse con amor. 

Qué fácil, pero qué difícil es curar así.

Os dejo con el vídeo.


 Vídeo aquí




jueves, 6 de febrero de 2014

Yo tengo muchos abuelos.

Ayer sucedió algo que me hizo ver de nuevo lo que el término "familia" significa para mí.
Fui a ver a mi abuelo a la residencia. Casi todos los días recibe visita, sea por una persona u otra. Es muy autónomo y juega todos los días a las cartas hasta dos horas seguidas... Aunque no oye muy bien y la memoria le falla, él está contento y logra sacarle el gusto a cada día de vida de sus ya 90 años.

Mi abuelo y yo

Al otro lado de la sala, ahora sentado solo tras haberse marchado un par de visitantes (de otro residente), un hombre comienza a hablar por lo bajo. Un día descubrí que estaba totalmente sordo, o eso me dijeron tras oirme dar alguna voz cuando intentaba comunicarme con él. Las palabras que ayer musitaba hacían referencia a su esposa, que en esos momentos no estaba allí con él, y otra serie de palabras, repetidas, a modo de plegaria. "Pobrecito", expresan algunas de las residentes: "No oye nada y está solo sin su esposa". Yo estaba agarrada del brazo a mi abuelo, que estaba tranquilo, mientras veía al otro hombre en frente, sentado sin nadie alrededor y murmurando lo solo que estaba. Yo me preguntaba si sabría leer; quizás por causa de alguna demencia habría perdido esa capacidad. Quizás si supiera leer la gente podría comunicarse con él escribiendole lo que fuera en un papel.


Entonces pensé: "¿Qué creerá mi abuelo si voy con el otro residente? ¿Pensará que no le hago caso si voy? ¿Que prefiero estar con otros que con él? Puede que no sea asunto mío acercarme a hablar con él, no es mi familia.". La familia es lo primero. O quizás a él le parecería estupendo, pero es mi cabeza la que no deja de cavilar. Suele pasar.
Pero, ¿y qué si otra persona lo necesita más? ¿Qué si la familia no fuera tanto de sangre, sino de existencia? Para nada reniego de mi familia a la que tanto quiero, pero considero que la frontera está demasiado marcada. Hay personas que han sido y son muy afortunadas, mi abuelo es una de ellas. Otras no han tenido tanta suerte, y sufren sin que muchos les escuchen. ¿Dónde está su familia? Quizás se encuentra viviendo una incosnciencia. La inconsciencia de no ver que todos podemos ser familia de todos.

Mi abuelo se lo tomó bien. Y además descubrí que José podía leer.