lunes, 16 de julio de 2018

La historia de la "desconocida"

Según como lo mires, la "desconocida" podría ser yo, o la persona de la que os voy a hablar (no sin antes situaros el "marco" a modo narrativo-festivo). Esto me pasó hace un par de semanas, y no quería dejar pasar la oportunidad de dejarlo reflejado de algún modo. Cómo no, me acordé de este blog, que parece que tengo abandonado, pero en realidad está para cosas como ésta.

Tras un día de trabajo, cansado, de calor y sin haber tenido mucha oportunidad de comer (contundentemente) y encima, habiéndoseme olvidado la botella de agua en casa... (y yo que "no soy de beber agua", no me compré otra), cargada con el ordenador y los pies doloridos por haber estrenado las sandalias del verano... (y qué mejor día para estrenarlas que éste, en el que me pateé buena parte de la ciudad), por fin llegué a la parada de autobús para volver a mi ciudad, y me disponía a esperar su llegada. Dado que no calculaba las distancias/tiempo, me di prisa, no fuera a perder el viaje y tuviera que esperar una hora más. Llegué media hora con antelación, ¡de sobra! Así que sólo quedaba esperar un rato. El sol pegaba de manera un tanto disimulada. El cielo estaba cubierto por una especie de neblina, pero el calor... ahí estaba.

Llegó la hora y el bus no llegaba. Tardó 10 minutos más de la cuenta. Qué sofocón. Justo el día que más necesito beber agua, se me olvida la botella. Cagüen la mar. Vaya calores.

Por fin llegó el autobús y comenzó a formarse la cola. Antes de montar, me fijé en que había dos personas conocidas que iban a subir a mi mismo autobús. Nuestras miradas no coincidieron, así que nada. No nos saludamos. No pasa más.

La estimada Regional VSA

Ya en la cola, siento que no me encuentro bien. Me estoy mareando. Entre el calor, y qué se yo... me noto mal. Me inclino un poco para adelante. Una mujer que estaba avanzando en la cola junto a mí, me vio mal y sacó de su bolso un plástico azul raro, que según dice, está frío, y me dice que me lo ponga para refrescarme. Lo hago, pero aún así sigo encontrándome mal. De milagro subo al autobús y paso mi tarjeta-bono de 40 viajes, los cuales habré utilizado 6 hasta la fecha. Según avanzo por el pasillo para buscar asiento, sé que me voy a caer desmayada. Y efectivamente, me siento en asiento del pasillo al lado de una pasajera, y al momento pierdo el conocimiento. El bono de 40 viajes a tomar vientos. Ya no volví a saber de él.

Lo siguiente que recuerdo es lo siguiente: gente hablando cerca de mí, y la mujer que me dejó el plástico frío haciéndome preguntas, aún en el autobús, en mi asiento. No puedo mover las manos y no me encuentro muy bien. Voy recuperando la consciencia. Pero me asusto porque tengo las manos agarrotadas y no las siento.

El autobús aún no ha arrancado y siento apuro porque están esperando por mí. Han llamado a la ambulancia y a la policía. Rápidamente llegan y entran al autobús. Me ven y la mujer del coso azul les informa de que tuve convulsiones durante el momento de no consciencia. Me dicen que tienen que llevarme al hospital para hacerme pruebas, por si acaso, no fuera a ser un ataque epiléptico. Así que con humor resignado les digo que vale, "¡qué remedio!". Escuchaba a aquella mujer que decía que me iba a acompañar al hospital. Yo repetí varias veces que no hacía falta, que estaba en buenas manos, que no se preocupara. Me cogieron entre dos sanitarios y me metieron a la ambulancia. No me encontraba nada bien. En el trayecto vomité lo poco que quedaba en mi estómago del sandwich que comí ese mediodía.

Los sanitarios me dijeron que varias personas se ofrecieron a acompañarme al hospital. Pero que al final una es la que, por su cuenta, iba a ir para acompañarme. No podía venir en la ambulancia, y repetían continuamente entre ellos que al ser una desconocida, no sabían si permitirle venir.



Esta "desconocida" es trabajadora sanitaria en el Hospital al que me llevaron. Estuvo conmigo durante 3 horas, hasta que a las 10 de la noche unas compañeras salieron de su turno y pudo volver con ellas en su coche. A esa hora ya pudieron venir familiares desde mi ciudad a por mí. Pude hablar con ella un poco, cuando me encontré algo mejor.  La médico, al verme, me preguntó si era familia mía. Se sorprendió al saber que no lo era, que ni nos conocíamos. La llamó "la buena samaritana", y yo pensé... "pues sí".

El personal sanitario me trató de mil amores, pero lo que esta mujer hizo conmigo, para mí tiene un valor incalculable. Aún diciéndole que no viniera, vino. Se quedó conmigo. No pasó de largo. Respondió de manera admirable. Realmente yo sabía que no sería nada grave, pero si lo hubiera sido, habría valorado mil veces más que se hubiera quedado conmigo. Aún así, vaya... Qué regalo fue para mí lo que esta chica hizo.

Da mucho que pensar. Una desconocida dio tanto, y sin embargo, otros conocidos ni preguntaron o se acercaron. ¿Será que soy una capulla? Jeje...

Solo cambiaría dos detalles: los hombres por mujeres, y el burro por un bus.

No estoy segura de recordar tu nombre, pero quiero decirte que GRACIAS. Me encantaría encontrarte un día por el "pueblo" y, en mejores condiciones, charlar y agradecértelo de nuevo. Para mí ya no eres una desconocida.

Después de esto, pienso que la palabra "desconocido" es una excusa que nos ponemos para alejarnos de los otros y mantenernos en nuestra seguridad. Porque en el momento en el que nosotros decidamos, podemos pasar a ser alguien. Incluso alguien importante, difícil de olvidar.

Has sido para mí un signo de esperanza en esta sociedad en la que sobre todo resalta el individualismo. Gracias por ser así. Y ojalá nosotros sepamos tomar tu ejemplo para estar atentos de los otros que nos puedan necesitar. Sean conocidos o no.


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