domingo, 23 de septiembre de 2018

¿Por qué lloras?

- ¿Por qué lloras, Fénix?
- No sé.
-  ¿Por qué lloras?
- Porque no me gusto.
- ¿Qué es lo que no te gustas?
- No me gusta no ser capaz de entenderme.
- ¿Entenderte?
- No me gusta que haya cosas que me afecten y no saber por qué. Tampoco me gusta no saber cómo abordar esas cosas que me afectan. No sé por dónde cogerlas. Es como si me abordaran muchas cosas a la vez y no lograra abarcar ninguna de ellas. Me cuesta a horrores separarlas para poder superarlas. No me gusta darme cuenta de que mi cabeza no da a más, y no saber cómo salir de ese bucle. No me gusta ser así, este cerebro que parece retrasado en ese aspecto. Este boquete en mi en inteligencia emocional. No me gusta sentir, o más bien sufrir emociones y no saber por qué. Pero lo que menos me agrada de todo, es no saber cómo coger el toro por los cuernos y avanzar, salir de ahí. Me es más fácil olvidarme, dejarlo pasar, y ya está. Hasta la siguiente... la culpa siempre se la echo al cansancio. Pero no es eso en realidad. El cansancio es la alarma, y habitualmente paso de ella...
- ¿Y qué piensas hacer?
- Yo qué sé... Morirme del asco.
- Anda, no digas eso... A ver, ¿de verdad decides tirar la toalla?
- No, la verdad es que no... Pero estoy cansada y no tengo ganas de nada. No tengo ganas de pensar. Me cuesta tanto pensar... No entiendo por qué. Será mi cerebro. Dicen que cada uno tenemos un cerebro único que funciona de manera única, y el mío me ha tocado así.
- Así es. Cada uno tendrá sus cosas. ¿No crees que lo mejor sería aceptar que es así y ver de qué manera irte superando en esas cosillas?
- Sí, claro que es lo mejor. Pero me cuesta aceptarme estas cosas... y otras que tampoco me gustan de mí.
- ¿Qué otras cosas no te gustan de ti?
- No me gusta mi inseguridad.
- ¿Inseguridad en qué?
- En hacer mal las cosas que no controlo. O en decir mi opinión en ámbitos en los que creo que debo llegar a cierta altura.
-¿De verdad? ¿Solo eso?
- Pues... sobre todo eso. Y lo de saber dar mi opinión, pensar sobre mí misma. Qué me pasa, qué es lo que quiero y por qué...
- En mi opinión, creo que exageras. Muchas veces das tu opinión.
- Sí, vale. Pero otras no.
- Bueno. Pues no está mal... ¿Qué son... 3 cosas las que no te gustan de ti?
- Bueno, eso creo. Tres... pero gordas.
- Vale, puede que sean gordas. A ver, dime alguna cosa que sí te guste de ti. Alguna habrá.
- Claro que sí... Pues a ver, por ejemplo... Tengo buen humor y siempre me gusta hacer sentir a gusto a la gente.
- Ah, pues eso está muy bien. ¿Qué más?
- Sí, además creo que hace mucha falta que la gente se sienta acogida por los otros, sea como sea la persona... ¿Otra cosa? Pues... Me gusta hacer las cosas bien. Me considero muy responsable. Pero eso a veces me juega malas pasadas. Me preocupo demasiado y ya entra el tema de querer dar la talla...
- Bueno, pero eso es bastante normal, creo yo. Quieres hacer las cosas bien y eso pone un poco tenso.
- Un poco bastante.
- ¿Y qué más?
- Pues creo que soy bastante cercana y me preocupo por la gente, en general... Creo que me muestro bastante disponible si alguien necesita algo.
- Pues eso no lo hace mucha gente. Las personas suelen ir mucho a su bola. Si le pasa algo al de al lado, no te creas que se suelen mojar demasiado. Es un buen punto.
- Supongo que sí.
- Pues no está mal. ¿Sigues sin gustarte después de esto?
- Pues... me siento algo mejor. Hay cosas que no me gustan, pero no puedo esperar hacerlo todo bien ni vivir siempre sin ningún conflicto interno. Algo hay que tener. Y ver mis puntos buenos me ayuda a ver que en cierto modo soy valiosa para algo. En otras cosas quizás no tanto... pero así es esto, ¿no? Cada uno tiene sus puntos débiles, y sus puntos fuertes. Hay que saber aceptar también lo que no gusta. Así también ayuda a entender y querer lo que no gusta de los otros. Todos tenemos cualidades y defectos. Debería aprender a acoger mis defectos. Pero me cuesta.
- No es fácil cambiar de la noche a la mañana.
- ¿Me sabrías sugerir algo para cambiar esto en mí? Me refiero al aprender a acoger mis defectos.
- En primer lugar se me ocurre decirte que no corras. No quieras correr y conseguirlo todo ya, al momento. Eso conseguirá que te frustres, porque no lo conseguirás. Tienes que darte tiempo.
- Sí, vale... Pero sin correr, ¿qué puedo hacer?
- Date tiempo e intenta poner palabras a lo que estás viviendo. Haz una lluvia de ideas que te surgen en ese momento: emociones, personas, momentos, temores... quizás así vayas descubriendo alguna cosilla que te pueda dar alguna luz para descubrir qué te pasa.
- Vale, eso es referido a mi dificultad para determinar por qué lloro en alguna ocasión, o por qué me siento mal. Pero, ¿para aprender a acogerme y quererme como soy? ¿para aceptar las cosas que no me gustan?
- ...

... Y desapareció.

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